Medidas para disminuir la huella de carbono de tu empresa

La sostenibilidad ya no es ese extra bonito que poníamos en la web corporativa por compromiso. Ahora mismo, es una necesidad estratégica. Con la entrada en vigor del Real Decreto 214/2025, las reglas del juego han cambiado y las empresas tienen la obligación de calcular, registrar y, lo que es más delicado, hacer públicas sus acciones para reducir emisiones. Pero, y aquí viene lo interesante, más allá de que la normativa nos obliga, hay una realidad económica que no podemos ignorar: gestionar la huella de carbono de tu negocio es, básicamente, gestionar tus costes operativos.

De hecho, las compañías que se han puesto las pilas optimizando su consumo energético están viendo ahorros medios del 10-15% solo en el primer año. Así que reducir la huella no es solo una decisión para «salvar el planeta»; es una inversión directa en eficiencia, en ser más competitivo y en poder entrar a mercados donde, si no eres sostenible, simplemente no eres viable.

¿De qué hablamos cuando decimos «huella de carbono empresarial»?

Para entendernos, la huella de carbono es el rastro total de gases de efecto invernadero (GEI) que tu organización emite, ya sea directa o indirectamente, mientras funciona. Esto se mide en toneladas de CO₂ equivalente y mide la contribución de una empresa al cambio climático a través de toda su cadena de valor. ​

Pero cuidado, lo fundamental aquí es entender que medir la huella no es la meta, es solo el punto de partida. Este cálculo te permite identificar tus principales fuentes de emisión, fijar objetivos que se puedan cumplir y demostrarle a tus clientes, inversores y al regulador que estás avanzando. Si no la calculas, cualquier estrategia que tengas es solo un buen deseo, no un plan serio.

Por eso el Real Decreto 214/2025 es tan importante: obliga a las grandes organizaciones a medir y comunicar sus emisiones públicamente. Y un dato a tener en cuenta: a partir de enero de 2026, la tendencia es que los bancos, bajo directrices regulatorias y de sostenibilidad (ESG), comiencen a pedir planes de descarbonización verificados antes de dar financiación.

Además, medir tu huella de carbono no solo sirve para cumplir con una norma o mejorar tu imagen. Es una forma concreta de contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en especial al ODS 13 (Acción por el Clima) y al ODS 12 (Producción y consumo responsables). En otras palabras, cada paso que das para reducir tus emisiones también suma al esfuerzo global para frenar el cambio climático y construir un modelo económico más equilibrado y sostenible.

Cómo calcular la huella de carbono en una empresa 

Calcular la huella de carbono tiene un método estándar, que usa una fórmula que parece sencilla: Dato de Actividad × Factor de Emisión = Huella de Carbono. Sobre el papel suena fácil, pero lo complicado está en conseguir datos que sean precisos y saber clasificarlos correctamente.

Diferenciando el origen: emisiones directas e indirectas

Primero, debemos dejar claro que las emisiones se dividen según su origen. Las directas son las que tu empresa controla y genera: el gas natural de la caldera, el gasóleo que quemas o los humos de tu propia flota de vehículos. Las indirectas, en cambio, son las que generan terceros para que tú funciones, como la producción de la electricidad que le compras a tu comercializadora.

Diferenciar su origen es fundamental, porque define dónde y cómo puedes actuar para reducir tu impacto.

El consumo eléctrico y emisiones asociadas

En la mayoría de empresas, la electricidad es la que tiene un mayor impacto en la huella de carbono. Para calcular sus emisiones, multiplica tus kWh por el factor de emisión de tu proveedor. Imagina que has gastado 350 kWh en un mes y el factor es 0,41 kg CO₂/kWh; pues tus emisiones serían 143,5 kg de CO₂.

Lo importante aquí es que cada comercializadora tiene factores de emisión distintos según su mix energético. Una empresa que compra electricidad 100% renovable tendrá un factor cercano a cero, mientras que una que consume energía convencional (de origen fósil) tendrá valores mucho más altos. Esa diferencia lo cambia todo.

¿Qué datos te hacen falta para el cálculo?

Para un cálculo preciso, debes recopilar información anual sobre electricidad, combustibles (gas, gasóleo), uso de automóviles, viajes de trabajo, agua, residuos y transporte de mercancías. Y ojo, los datos tienen que cubrir un año entero y ser lo más exactos posibles.

Plataformas como DATADIS permiten acceder directamente a datos de consumo eléctrico sin pasar por el proveedor, sin tener que pelearte con la comercializadora.

Herramientas y factores de emisión utilizados habitualmente

El estándar que manda a nivel internacional es el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG), que define tres alcances de emisión. Para obtener factores de emisión precisos y actualizados, se utilizan bases de datos oficiales como la del Ministerio para la Transición Ecológica o metodologías ISO 14064-1. Hay software especializado que automatiza el proceso, multiplicando tu actividad por factores estándar para que todo cuadre y sea trazable.

Principales fuentes de emisiones en una empresa 

Una vez calculado tu impacto global, el siguiente reto es identificar dónde están tus mayores «fugas» para intervenir directamente en el origen. Aunque cada empresa es única, existen patrones de emisión que se repiten en casi todos los sectores:

1. Energía en edificios e instalaciones

Para casi cualquier empresa de servicios, el consumo energético de edificios (iluminación, climatización, equipos eléctricos) es la principal fuente de emisiones. Un edificio antiguo, sin un buen aislamiento térmico y climatización ineficiente puede consumir 2 o 3 veces más energía que uno optimizado. Aquí es donde suele haber un retorno de inversión más rápido.

2. La maquinaria y los procesos industriales

Las fábricas tienen el extra de sus procesos productivos, refrigerantes, aire comprimido y maquinaria pesada. Estos procesos a menudo funcionan 24/7, por lo que hacen falta auditorías especializadas para identificar oportunidades de eficiencia. 

3. Logística, movilidad y flotas 

Tanto el transporte de mercancías como los desplazamientos de empleados representan una fuente crítica de emisiones, sobre todo en empresas con vehículos propios. Recuerda que la Ley de Movilidad Sostenible obliga a las empresas con más de 200 empleados a diseñar planes de movilidad sostenible, incentivando que la plantilla utilice medios menos contaminantes que el coche particular.

4. La cadena de suministro

El Alcance 3 de emisiones suele representar el mayor porcentaje de la huella total, aunque es el más difícil de medir y controlar. Incluye todas las emisiones indirectas de gases de efecto invernadero (GEI) que ocurren en la cadena de valor de una empresa (el transporte de tus proveedores, producción de materias primas y distribución de productos finales). ​

5. Residuos y tratamiento de materiales 

Por último, la generación de residuos y su tratamiento final generan emisiones tanto en su transporte como en su procesamiento. Una estrategia circular que reduzca residuos desde el origen reduce directamente estas emisiones. ​

Medidas para reducir tu huella

Vale, ya tienes el mapa de tus emisiones. Ahora toca actuar. Las medidas que mejor funcionan combinan resultados a corto plazo con transformación a largo plazo:

Optimización del consumo energético

  • Eficiencia en climatización, iluminación y equipos: La climatización y la iluminación son responsables del 40%-60% del consumo energético en edificios. Cambiar equipos antiguos por equipos de alta eficiencia energética, instalar bombas de calor que funcionan con rendimiento del 400%, reemplazar lámparas incandescentes por LED (que reducen consumo hasta un 60%), e implementar sistemas de control automático basados en ocupación y luz natural son medidas de bajo riesgo con ROI de 2-4 años. ​
  • Sustituir tecnología obsoleta: Equipos antiguos operan a fracción de su eficiencia potencial. Una caldera de combustión antigua puede funcionar al 60% de eficiencia; una moderna alcanza el 95%. Este cambio, aunque requiere inversión inicial, se recupera rápidamente a través de menores costes energéticos. ​
  • Monitorizar en tiempo real: Si no ves lo que gastas, no puedes gestionarlo. Las plataformas que usan IoT y análisis de datos permiten identificar anomalías, consumos fantasma y oportunidades de ahorro que pasarían desapercibidas. Empresas de retail han conseguido reducir consumo entre 15-20% simplemente monitorizando en tiempo real. ​

Reducción del consumo eléctrico vinculado al CO₂

  • Ajustar horarios: Si pagas por potencia, ajustar horarios de máximo consumo para evitar picos puede generar ahorros directos.
  • Eliminación del consumo fantasma: Muchas empresas tienen equipos encendidos «por si acaso» o luces de emergencia sobredimensionadas. Las auditorías identifican estos residuos energéticos que pueden suponer 5-15% del consumo total. ​
  • Detectar ineficiencias y desviaciones: Sistemas automáticos generan alertas cuando equipos funcionan fuera de programación o rendimiento cae. Un compresor con fugas o un filtro sucio gastan mucho más. El mantenimiento predictivo evita estos sobrecostes invisibles.

Pasarse a renovables

  • Certificados de energía verde: Comprar energía certificada es lo más rápido si no puedes poner paneles.
  • Autoconsumo solar y compra de energía limpia: Instalar tus propios paneles te da energía con cero emisiones. Si no tienes sitio, las comunidades solares son una opción real. Una vez instalados, los costes energéticos se reducen drásticamente durante 25+ años. ​

Mejorar procesos y automatizar

  • Control inteligente de instalaciones: Los sistemas BMS  automatizan y controlan las funciones de un edificio para hacerlo más eficiente y confortable. Reducciones típicas: 10-30%.
  • Sensores e IoT para ahorrar energía: Sensores de temperatura, luz y CO₂ alimentan algoritmos que optimizan todo. En sanidad, esto ha logrado ahorros del 15-20%.

Movilidad y transporte corporativo 

  • Políticas de movilidad sostenible: La ley obliga a las empresas grandes a priorizar el transporte público, bicicletas y teletrabajo. Además, esto atrae a empleados jóvenes y ahorra costes de aparcamiento.
  • Electrificar la flota: Cambiar diésel por eléctrico es tendencia. La inversión se recupera en 5-7 años por el ahorro en combustible y taller.

Gestión y reducción de residuos

  • Economía circular y reutilización interna: Reutilizar internamente reduce tanto residuos como necesidad de comprar nuevos materiales. La economía circular es más rentable: reutilizar cuesta menos que fabricar desde cero.
  • Menos materiales «sucios»: Auditar qué compras para evitar materiales con mucha huella (acero, cemento, plásticos nuevos) reduce tu Alcance 3.

Implicación de proveedores y cadena de suministro 

  • Selección de proveedores con criterios ambientales: Trabajar con proveedores que ya gestionan su huella, multiplica tu impacto positivo.
  • Medición conjunta de impacto: Colaborar con tus proveedores principales para ver dónde pueden ahorrar crea valor para los dos. Esto es especialmente importante en sectores con cadenas largas (retail, manufactura).

Estrategias a medio y largo plazo

Las medidas inmediatas generan ahorro rápido, pero para llegar a una verdadera transformación necesitas planificación:

  • Auditoría energética y hoja de ruta anual: Una auditoría (realizada según protocolo IDAE u otros estándares) te dice dónde mejorar y cuánto te va a costar. Revisar la hoja de ruta cada año te mantiene en el buen camino.
  • Plan de descarbonización: El RD 214/2025 pide planes a 5 años vista. Tienen que ser públicos y con objetivos claros (ej: bajar un 30% en 5 años).
  • Implementación de mejoras continuas: No basta con un plan. Hay que medir, analizar y mejorar. Sistemas de monitorización que alertan sobre desviaciones permiten ajustes en tiempo real. ​
  • Seguimiento de KPIs y reportes ESG: Métricas claras como emisiones totales, emisiones por empleado, emisiones por € de facturación, y % de energía renovable facilitan seguimiento y construyen confianza con los inversores.

Beneficios empresariales de reducir la huella de carbono

Seamos honestos: cuidar el planeta es fundamental, pero una empresa también necesita ser rentable para sobrevivir. La buena noticia es que reducir la huella de carbono ha dejado de ser solo una cuestión de «imagen» para convertirse en una ventaja estratégica real.

  • Reducción directa de costes energéticos: Optimizar procesos y consumos suele bajar la factura operativa un 10-30%. En una empresa mediana, hablamos de 100.000€ a 500.000€ al año. Se trata de una de las estrategias más efectivas para proteger los márgenes de beneficio frente a la volatilidad de los precios de la energía y las materias primas.
  • Acceso a certificaciones y cumplimiento normativo: Cumplir con normativas como el RD 214/2025 te evita dolores de cabeza legales. Además, si tienes inmuebles, puedes conseguir certificaciones como LEED o BREEAM que revalorizan tus edificios y los hace más atractivos para alquilar o vender.
  • Mejor reputación corporativa: El 86% de los millennials (y la Generación Z que viene detrás) analizan la sostenibilidad de una empresa antes de decidir si trabajar en ella o invertir su dinero. Si quieres a los mejores en tu equipo y a clientes fieles, tu compromiso ambiental es tu mejor carta de presentación.
  • Mayor competitividad y acceso a licitaciones: Las grandes corporaciones tienen objetivos climáticos estrictos y exigen lo mismo a toda su cadena de suministro. Si no tienes un plan de descarbonización, te arriesgas a quedar fuera de licitaciones públicas y contratos privados importantes. 

Cómo te ayudan las soluciones digitales en la reducción de emisiones 

Intentar gestionar la huella de carbono manualmente es una misión imposible. La digitalización no es un lujo, es la única forma viable de escalar tus esfuerzos.

Así es como la tecnología hace el trabajo pesado por ti:

  • Plataformas de gestión energética para controlar consumos: Olvídate de las hojas de cálculo dispersas. Estas plataformas centralizan tus datos en tiempo real y te permiten comparar edificios entre sí. Detecta al instante cuál es eficiente y cuál necesita ajustes.
  • Sistemas de automatización en edificios e instalaciones: Los smart buildings adaptan temperatura, iluminación y operación de equipos en tiempo real según ocupación y condiciones. Esto elimina decisiones arbitrarias y optimiza continuamente. ​
  • Mantenimiento predictivo (Detección temprana): Sensores e IA identifican anomalías (equipos que funcionan fuera de ciclos normales, rendimiento degradado, picos inesperados) antes de que se conviertan en problemas o averías graves. ​
  • Uso de datos para reducir emisiones de forma continua: Algoritmos de machine learning identifican patrones de ineficiencia que al ojo humano se le escapan. Transforman millones de datos en estrategias claras para saber exactamente dónde y cómo ahorrar más.

Otea y EcoMT: apoyo para empresas que quieren reducir su huella de carbono 

Para las empresas que quieren pasar de los datos a la acción, OTEA es una plataforma especializada en gestión energética que integra IoT, análisis de datos e IA.

  • Cómo la monitorización energética facilita el cumplimiento de objetivos: OTEA conecta sensores, medidores inteligentes y sistemas de control en una única plataforma. Visualiza consumo por edificio, zona, equipo o persona, en tiempo real. Esto permite identificar el 20% de los equipos responsables del 80% del consumo e intervenir ahí primero. ​
  • Automatización para reducir consumos y emisiones sin perder operatividad: La plataforma automatiza decisiones (apagar luces en zonas vacías, ajustar climatización según ocupación) sin requerir intervención manual. Los sistemas funcionan más eficientemente mientras liberan a equipos humanos de tareas repetitivas. ​
  • Casos reales de optimización energética y reducción CO₂: Clientes de OTEA han obtenido ahorros del 15-20% en energía, lo que se traduce en un recorte del 10-15% en emisiones de Alcance 2. Sectores como retail, hoteles o industria demuestran que estas cifras son totalmente viables.

Si tu objetivo es convertir la estrategia de sostenibilidad en resultados medibles, tanto en retorno económico como en toneladas de CO₂ evitadas, es el momento de solicitar una evaluación o análisis de oportunidades de ahorro.

El cambio ya está aquí

El Real Decreto 214/2025 no es el final del camino, es la confirmación oficial de que la descarbonización es un pilar estratégico. Las empresas que lo entienden no solo cumplen la norma; gestionan mejor sus costes, atraen talento y consiguen mejor financiación.

No dejes la gestión de tu huella para mañana; el mercado la exige hoy. Quienes van un paso por delante ya saben que medir, actuar y comunicar sus progresos no solo mejora su reputación y atrae inversión, sino que asegura el liderazgo para la próxima década.

Responsable de marketing en EcoMT (OTEA) y autora de contenidos en otea.io. Desde 2012 en marketing y, desde 2015, centrada en industria, IoT e IA. Traduce datos energéticos complejos en información útil y verificable para que las empresas ahorren energía con criterio.

< Volver