Qué es la eficiencia energética y cómo se calcula en las empresas

Eficiencia energética

En la actualidad, la eficiencia energética se ha convertido en un asunto prioritario para cualquier empresa que busque recortar gastos operativos y ser más respetuoso con el medio ambiente. No debemos confundirla con el simple ahorro energético; Mientras que este último solo intenta consumir menos, la eficiencia energética busca sacar el máximo partido a cada kilovatio sin renunciar a la productividad ni al bienestar en las instalaciones. 

Entender cómo funciona y medirla correctamente te permite desarrollar una estrategia empresarial que aproveche mejor tus recursos.

¿Qué es la eficiencia energética?

La eficiencia energética consiste en aprovechar mejor la energía para conseguir los mismos resultados o servicios gastando menos. En la práctica, significa que puedes seguir fabricando los mismos productos, manteniendo el mismo nivel de confort en las oficinas, o proporcionando los mismos servicios, pero con un consumo energético inferior. Es extraer más jugo de cada euro invertido en energía, permitiendo que las empresas y edificios desperdicien menos mientras mantienen su funcionamiento con normalidad.

En el día a día empresarial, la eficiencia energética toca todos los aspectos: desde la climatización de oficinas y la iluminación hasta los procesos productivos, sistemas de refrigeración y gestión del agua caliente. Su objetivo es triple: reducir costes, emitir menos CO₂ y asegurar que los recursos energéticos sigan estando disponibles.

Diferencia entre eficiencia energética y ahorro energético

A menudo usamos estos términos como si fueran lo mismo, pero hay diferencias bastante claras entre ellos. El ahorro energético consiste simplemente en gastar menos energía cambiando tus hábitos, aunque eso suponga perder algo de confort, servicios o incluso reducir la producción. Por ejemplo, apagar la calefacción aunque haga frío o subir la consigna de refrigeración (p. ej., de 22 a 25°C en verano) son medidas de ahorro que notarás en tu bienestar.

La eficiencia energética, en cambio, busca mantener un consumo bajo mientras sigues haciendo las actividades habituales sin que se resienta tu comodidad o producción. Se consigue instalando sistemas y tecnologías que aprovechan mejor la energía. Un ejemplo sería cambiar un viejo aire acondicionado por uno de clase A, que enfría igual pero consume bastante menos.

En pocas palabras: ahorro energético = consumir menos, mientras que eficiencia energética = aprovechar mejor lo que consumes.

¿Cómo se calcula la eficiencia energética en las empresas?

Eficiencia energética

Técnicamente, es comparar cuánta energía consumes con cuánto rendimiento obtienes. Pero eso tiene truco, porque el rendimiento no es siempre el mismo.

Si tienes una empresa en Madrid, el invierno te pide más calefacción. Alguien en Málaga no tendrá ese problema. Los horarios también cuentan: una oficina que funciona las 24 horas no se comporta igual que otra que cierra a las 18 horas. Cuánta gente hay dentro, cómo es el edificio, cuándo hace frío o calor.

El cálculo básico compara el consumo con la actividad realizada, pero para que tenga sentido debes normalizar esos datos. Es decir, ajustarlos según factores climáticos (grados-día), ocupación real (horas y número de usuarios), y características del edificio. De esta forma, puedes comparar el consumo de dos años distintos y ver si realmente mejoraste la eficiencia o simplemente tuviste un clima más favorable.

Por este motivo existen herramientas especializadas, como los Sistemas de Gestión Energética (SGEn), que recogen información de medidores inteligentes y sensores para analizar si estás gastando lo que deberías o hay margen de mejora.

Indicadores clave de eficiencia energética

Existen varios indicadores que nos permiten medir y comparar cómo de eficientes eres energéticamente:

  • Intensidad energética (IE): Relaciona lo que consumes con lo que haces, y se mide en kWh/m²/año para edificios o kWh/tonelada en industrias. Una oficina que gasta 150 kWh/m²/año es más eficiente que otra que necesita 300 kWh/m²/año para lo mismo. Este dato te permite compararte con otros del sector.
  • Consumo de energía primaria: Medido en kWh/m²/año, incluye tanto renovables como no renovables, teniendo en cuenta lo que se pierde al generarla y transportarla.
  • Emisiones de CO₂: En kg/m²/año, indica el impacto ambiental de tu consumo.
  • Factor de carga: Mide qué tan estable es tu consumo energético (relación entre consumo promedio y pico máximo). Un factor alto significa consumo constante y buen aprovechamiento de la potencia contratada. Un factor bajo indica picos ocasionales de demanda, lo que te obliga a pagar por capacidad infrautilizada la mayor parte del tiempo.
  • Factor de potencia (cos φ): Mide la eficiencia de tu instalación eléctrica. Si es inferior a 0,95, generas energía reactiva que no produce trabajo útil, pero penaliza tu factura. Mejorar este factor instalando correctivos (baterías de condensadores) reduce directamente el cargo mes a mes.

Por qué apostar por la eficiencia energética en edificios y locales comerciales

  • Reducción de gastos día a día: Implementar medidas de eficiencia energética reduce costes en luz y gas, mientras que el ahorro hídrico (agua potable y agua caliente sanitaria) disminuye tanto facturas de agua como los consumos energéticos asociados a su bombeo y tratamiento. Este ahorro combinado mejora tu rentabilidad.
  • Ventaja frente a competidores: Si gastas menos en operación y pones en marcha medidas para disminuir la huella de carbono de tu empresa, puedes ofrecer precios más atractivos y atraer clientes que valoran la sostenibilidad. A largo plazo, tu posición en el mercado se fortalece.
  • Menos dependencia de los vaivenes energéticos: Al consumir menos, no te afectan tanto las subidas de precios de la energía, lo que te permite mantener el control presupuestario independientemente de la inestabilidad del mercado
  • Ayudas económicas: Hay subvenciones, ventajas fiscales y financiación en condiciones favorables para proyectos de eficiencia energética, lo que hace más llevaderas las inversiones iniciales.
  • Mejor imagen de marca: Los inversores serios, los clientes con poder adquisitivo, el talento que buscas: todos prefieren empresas comprometidas con la sostenibilidad. No es marketing, es realidad empresarial.

La eficiencia energética como base de la gestión energética empresarial

La eficiencia energética no es algo que se haga una vez y ya está. Es la base sobre la que se construye un sistema completo de gestión energética continua. Mientras la eficiencia te ofrece una foto del estado actual, los sistemas modernos de gestión van mucho más allá: monitorizan en tiempo real, detectan ineficiencias automáticamente, predicen problemas antes de que ocurran y ajustan los equipos sin intervención manual. Eso es lo que transforma los datos en ahorros reales.

El viaje comienza con obtener un certificado de eficiencia energética . Te da la foto inicial, la línea base desde la que empiezas. Pero una foto, por muy buena que sea, no es suficiente si quieres resultados continuos.

Lo siguiente es visibilidad constante. Los sistemas de monitorización en tiempo real te muestran exactamente cómo estás gastando energía en cada momento, detectando comportamientos anómalos al instante. 

Pero aquí viene lo que realmente lo cambia todo: la automatización de edificios e instalaciones permite que los sistemas ajusten automáticamente climatización, iluminación y otros equipos según las necesidades reales, sin que tengas que estar pendiente.​

Los sensores de IoT son lo que recopila esa información constantemente, integrándose perfectamente con lo que ya tienes instalado. Y las plataformas EMS (Energy Management System) centralizan todo, permitiéndote gestionar varias sedes desde un único panel de control.​

Lo que muchas empresas pasan por alto es el mantenimiento predictivo : detectar problemas antes de que sucedan, arreglar equipos antes de que se averíen completamente. Eso alarga su vida útil y te evita esas reparaciones de emergencia que suponen gastos imprevistos.

Cuando combinas todas estas piezas, la eficiencia energética deja de ser un objetivo teórico para convertirse en un motor real de competitividad, rentabilidad y sostenibilidad. No es magia, es simplemente usar la tecnología disponible de forma inteligente.

Responsable de marketing en EcoMT (OTEA) y autora de contenidos en otea.io. Desde 2012 en marketing y, desde 2015, centrada en industria, IoT e IA. Traduce datos energéticos complejos en información útil y verificable para que las empresas ahorren energía con criterio.

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